Una resección de las puntas de la raíz no resuelve el problema
Si se identifica un diente como foco, se sabe por experiencia que la punta de la raíz es la base de los problemas, porque es especialmente en los conductos radiculares laterales donde anidan las bacterias de putrefacción. Muchas veces la mandíbula circundante ya ha sido atacada: lo que se queda es una masa esponjosa y carroñosa. Para ello, se intenta resolver el problema por medios de una resección de las puntas de la raíz, una operación en la cual el dentista abre la mandíbula al lado, extrae la punta así como la textura blanda y descompuesta. Pero el problema del foco no se resuelve así, sino que se reduce por un tiempo en el mejor de los casos. Es probable que el foco no sea un problema en los primeros días después de la operación, pero las bacterias de putrefacción reconquistan su territorio poco a poco y luego siguen con su obra de destrucción.
En poco tiempo han recuperado su productividad anterior y la inflamación de la mandíbula, producida por el diente desvitalizado, ya se ha expandido. Cuando el diente se arranca finalmente, las cicatrices de la operación empeoran la curación del cuerpo y así dura mucho tiempo hasta que la inflamación de la mandíbula haya sido curada. Por esto, a través de la resección de las puntas de la raíz el paciente paga un precio muy alto para poder mantener el diente desvitalizado que le pone enfermo unas semanas más.
Tampoco el antibiótico ayuda porque la causa perdura: la masa orgánica muerta sigue ofreciendo buenas condiciones de nutrición para las bacterias de putrefacción (si Ud. tiene un clavo herrumbroso en el pie tampoco no toma antibiótico sino que lo extrae, ¿verdad?). El antibiótico exige mucho de los mecanismos de desintoxicación del paciente debilitado ya de por sí y las bacterias de putrefacción pueden volverse resistentes contra el antibiótico. El cuerpo tiene que luchar contra las toxinas de las bacterias que siguen emanando del foco, aunque mueren en la mayoría de los casos. Es difícil alcanzar el foco con el antibiótico en general – por ejemplo, por inyección en la mandíbula. No se pueden alcanzar de esta manera las bacterias que están en los conductos radiculares laterales o en los conductos minúsculos y así siguen produciendo toxinas con un poco menos de intensidad si tiene suerte el paciente.
El tratamiento con el antibiótico puede dañar la flora intestinal y debido a una alteración de la digestión, el cuerpo reduce los esfuerzos de desintoxicación, así que en resumen el antibiótico refuerza la perturbación del cuerpo en lugar de curarlo.
Dicen los pacientes y los dentistas que “un diente propio es un diente propio”, pero nosotros añadimos: “... hasta que el diente no se transforme en un foco bacteriano y arruine nuestra salud”.
Un montañero al quien se le han helado los dedos se le tienen que amputar para no morir a causa de las consequencias de la putrefacción. Si no, casi nunca sobrevivirá.
¿Por qué cree tanta gente que se puede hacer una excepción con los dientes desvitalizados, si solamente se rellena el conducto radicular? No se observan fácilmente la causa y el efecto. Los dedos muertos son una masa mayor que un diente en cuyo interior hay medio gramo de sustancia orgánica en proceso de putrefacción. Si los dedos muertos se permanecen en el cuerpo, el paciente muere rápidamente. Aquí se ven muy bien la causa y el efecto. Pero con los dientes desvitalizados, con los conductos radiculares llenados, la intoxicación del cuerpo ocurre de forma menos dramática y está oculta; son los sufrimientos los que se intensifican con el tiempo. Estas relaciones sólo se ven por observadores muy atentos.
Las referencias y las fuentes:
„ROOT CANAL Cover-up“ by George E. Meinig 2004
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Prof. Boyd Haley und Dr. Curt Pendergrass www.altcorp.com